Archivo de Diciembre de 2006

Cronica: Sur de Alemania (IV)

5/12 – Día de suerte

Si el día anterior había sido duro, este no se quedaba atrás. Nos levantamos, desayunamos copiosamente y salimos. Nuestra primera parada es Konstanz, al sur del lago Constanza que separa 3 países (Austria, Alemania y Linchestein). Dudamos si ir a Konstanz o no, porque si pasábamos por el sur del lago tendríamos que entrar en Austria para continuar hacia el este. En el último segundo decidimos ir y acertamos de pleno: Konstanz es una ciudad que vale la pena visitar y además tiene un ferry que cruza el lago rápidamente y es barato.

Estamos en Konstanz en 2 horas. Dejamos el coche en la zona azul (1,50), fuimos a la Tourist Info donde nos explicaron que hacer y nos pusimos a pasear por el centro. El centro de la ciudad es preciso, con fachadas pintadas con frescos, callejuelas estrechas, y ese aire de ciudad medieval tan característico. Hacemos unas cuantas compras (8) y almorzamos (2). Hacia las 12:00 volvemos al coche y salimos hacia el ferry. Subimos en el barco (950 ) que en menos de 5 minutos parte. El viaje dura unos 20 minutos que dedicamos a hacer fotos del lago.

Continuamos sin parar (ni perdernos) hasta Fussen. Una vez allí es fácil encontrar los castillos, está bien indicado. Todo lo que hay cerca de los castillos está pensado para sacar el dinero a los visitantes. Dejamos el coche en un parking de pago (después de algunas dudas) puesto que es la única posibilidad (4). Compramos las entradas para el castillo de Neuschwanstein (2*8). Subimos corriendo al otro castillo (el de Hohenschwangau dónde, según el folleto, se tardaba 20 minutos en llegar, pero nosotros lo hicimos en menos de 5). Hacemos fotos y salimos corriendo hacia el otro castillo (íbamos pillados de tiempo, pues en la entrada viene marcada la hora de entrada). Decidimos subir en bus, lo cual fue un acierto, aunque la bajada hubiera sido mejor hacerla a pie o en caballo. La parada de bus estaba llenísima de gente debido a una excursión de japoneses. Nos colamos descaradamente (560 ). Se hace eterna la subida… Saltamos del bus en cuanto para y corremos hacia el castillo. Llegamos con tiempo de sobra y aprovechamos para comernos los bocadillos que habíamos preparado en el desayuno.

La visita al castillo se hace a las 15:35, con puntualidad británica (bueno, alemana). Nos hacen pasar los primeros, nos dan una audio-guía y nos dejan solos siguiendo el camino marcado por dentro del castillo. La visita es interesante, vale la pena pagar los 8 euros. Cuando termina la visita vamos hasta el puente para hacer las mejores fotos del castillo. Bajamos en el bus hasta la plaza principal. Intentamos llamar a Munich para averiguar como encontrar el albergue, pero no hay manera. Lo de la telefónica aquí es peor incluso que en España.

Paramos en Fussen (1 parkimetro), visitamos el casco antiguo rápidamente y salimos hacia Munich. Llenamos el deposito de gasolina (43). Nos perdemos completamente cuando buscábamos la carretera principal. Paramos el coche para mirar el mapa y una señora que nos vio paró su coche, se acercó y nos preguntó dónde queríamos ir. Le dijimos que buscábamos la autopista y en vez de indicarnos, nos dijo: “mejor seguidme”, y nos llevó hasta nuestra carretera a través de un polígono industrial. Para que luego digan que los alemanes no son amables.

En un par de horas estamos en Munich, pero nos cuesta bastante encontrar el centro (Zentrum). Por casualidad, cuando ya estábamos cerca del centro, vemos un gran albergue juvenil (no de la red YHI) y decidimos buscar aparcamiento por allí. Tenemos la increíble suerte de encontrar una calle dónde podemos aparcar justo al lado del hostal. Sacamos las cosas del coche y vamos a registrarnos bajo una fina lluvia (32). El hostel está muy bien, es el típico bed and breakfast con habitaciones grandes mixtas y baño en suite. Tiene un montón de habitaciones distribuidas en varias plantas y además está muy cerca del centro. Por cierto, en el sótano tiene una preciosa sala de juegos.

Salimos corriendo pues hoy juega un importantísimo partido el Barça contra el Berden Bremen. Buscamos desesperadamente un bar dónde retransmitían el partido. Encontramos un restaurante turco dónde tienen una pantalla de plasma muy grande. Cenamos un par de kebaps y unas coca-colas (12 ) y vemos todo el partido sin celebrar los goles (2-0).

Salimos contentísimos del bar y hacemos una primera visita rápida de Munich. Nos gustó muchísimo a primera vista, pero estábamos cansados y llovía un poco. Nos equivocamos de camino (un poco de mala suerte para empañar el día) y tenemos que volver sobre nuestros pasos para evitar algunas zonas… sombrías. Nos acostamos más tarde que nunca (casi a la media-noche).

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Las carreteras más peligrosas del mundo

Aunque yo diría que son las más espectaculares. Juzgad por vosotros mismos.

Yo estoy deseando ir a China para visitar un par de esos lugares…

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Cronica: Sur de Alemania (III)

4/12 – Ruta por la Selva Negra

Nos levantamos muy pronto (7:20). Desayunamos en el hostal, devolvemos las llaves y salimos rápidamente. Salimos fácilmente de Baden-Baden y encontramos la carretera a la primera. El problema es que se bifurca en 2 y nuestro mapa de carreteras no tiene suficiente resolución y no muestra esa bifurcación (el típico mapa desplegable 1:10000 que cuesta 6€ en el Carrefour). Tenemos que dar la vuelta y paramos en la salida de un pueblecito, dónde unas mujeres que regentan un negocio de alquiler de coches me dejan ver un mapa más detallado. Por cierto, fue curioso comprobar que ellas sólo hablaban alemán y un poco de francés. Ya que estábamos, llenamos el deposito de combustible (25€).

La ruta discurre por una carretera de montaña. Muchas curvas, paisajes fantásticos, pueblecitos encantadores, pequeños lagos… Seguíamos las recomendaciones de la “Guía Viva Alemania”, pero tuvimos que buscar rutas alternativas en un par de ocasiones debido a las obras en la carretera. Durante el transcurso de la ruta empezó a llover y eso deslució bastante la mañana. Nuria se durmió en el coche varias veces. También tuvimos mala suerte porque estaba cerrado el museo al aire libre en el que se reproduce la forma de vida tradicional de esa zona (casas antiguas, establos, etc) que está instalado en un pequeño pueblo de la ruta (de cuyo nombre no me acuerdo). Para compensar, paramos en un Lidl y cargamos provisiones (5€).

Llegamos a Triberg. Visitamos una tienda tima-turistas donde venden relojes de cuco “made in Taiwan” de donde un dependiente con bigote nos espantó rápidamente. Luego visitamos la famosa cascada de Triberg bajo una suave lluvia y cuando nos cansamos de buscar un buen lugar para comer bajo la lluvia, decidimos comprar un par de Kebaps y comérnoslos en el coche (6€).

En el último momento decidimos ir directamente a Villingen a dormir (la idea inicial era pasar antes por Friburgo). Hubo un momento en el que la visibilidad en la carretera era muy baja. Luego se despejó y paró de llover. Encontrar el camino fue fácil, pero luego la ciudad es un caos. El problema es que unieron dos ciudades y como hay un montón de autovias alrededor y entre las dos ciudades, es bastante complicado encontrar el centro. Además el albergue estaba en las afueras, escondido en un lugar realmente complicado de encontrar. Cuando llegamos, en el albergue sólo encontramos a 3 personas, todos trabajadores del lugar. Reservamos una habitación (48€) después de esperar un buen rato. El hostel es grande y está vacío. Nos dan una habitación de 4 para nosotros solos. La habitación tiene un lavabo, un par de literas y un escritorio.

Visitamos el centro de villingen. Nos cuesta muchísimo llegar hasta allí con el coche. No podemos visitar el famoso mercado de la navidad de Villingen, porque este año lo montan en el otro pueblo y no nos vemos con fuerzas de encontrarlo. Cuando nos cansamos (empezaba a lloviznar), como no tenemos mucha hambre, compramos una pizza para llevar (3€) y nos la llevamos al albergue. Cenamos en la habitación (había alguien en la sala de juegos y no queremos que nos digan nada). Montamos un cama doble con un par de colchones y nos acostamos.

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Cronica: Sur de Alemania (II)

2/12 – Descubriendo Alemania

Después de la ducha y un buen desayuno (con la comida que nos habíamos traído), salimos a la calle bastante pronto. Nos encontramos con las calles mojadas, quizá llovió un poco por la noche o quizá se trate simplemente del rocío. Lo bueno es que no hacía tanto frío como nos esperábamos y, como íbamos bastante bien abrigados, nos sentimos bastante bien.

Nos dirigimos al castillo, que estaba arriba de la ciudad. Podíamos haber subido en funicular, pero acabamos subiendo por las escaleras (en principio, sin darnos cuenta). Las escaleras son interminables, hay unos 300 escalones numerados. Entramos al castillo con el carnet de estudiante a mitad de precio (2*1′50€). Visitamos el castillo, la bodega y la farmacia sin pagar nada extra (cuando todas las guías decían que se pagaba aparte). La visita del castillo y las vistas desde las terrazas son muy recomendables.

Bajamos por las escaleras y visitamos los puestos del mercadito de la navidad. En ese momento, todavía nos sorprendía un poco el mercadillo de la navidad. Comimos en el mercadillo picando de aquí y de allá (hot-dogs, un bocata de NordSea, etc. 10€). Visitamos las iglesias y los edificios representativos de la ciudad y compramos un montón de cosas en un “todo a 1 euro” que era mucho más barato que en Alicante (nos gastamos unos 20€).

Compramos una tarjeta de teléfono (5€) que se consumía a un ritmo increíble (no vale la pena). Llamamos al Youth Hostel de Baden-Baden para ver si había sitio y reservar (no era necesario, ya que el albergue estaba casi vacío). Queríamos patinar, pero costaba 5€ por persona y la pista era pequeña. Después de descansar un rato en el hostel, salimos a cenar, pero sólo Ivan cenó (un kebap y una coca-cola 4′65€). Volvimos pronto a dormir.

3/12 – Relax

Nos levantamos relativamente tarde. Desayunamos y vamos a por el coche que estaba aparcado bastante lejos (un par de kilómetros, fuera del centro histórico). Cargamos las maletas en el coche, dejamos las llaves en el buzón (el encargado del hostel no estaba) y nos marchamos hacia Baden-Baden. El viaje lo realizamos sin incidentes, la carretera estaba bien indicada (excepto la salida de Heidelberg a la autopista, los alemanes tienen la fea costumbre de no hacer circunvalaciones ni indicar como llegar a todas las autopistas que pasan cerca de la ciudad).

Paramos en la tourist-info a la entrada del pueblo donde nos dan un mapa y nos indican como llegar a nuestro albergue. No podemos hacer el check-in en el hostel, porque no hay nadie, así que dejamos las cosas en el guarda-maletas y nos vamos. El albergue está en una colina desde dónde se domina toda la ciudad. Es el típico albergue de la red Youth Hostel: un comedor muy grande, habitaciones y baños separados por sexos… No se que tienen los albergues YHI, pero se nota.

Decidimos coger el coche para ir al centro. Casi nos volvemos locos para aparcar. Es tan difícil que tenemos que volver al albergue para aparcar. Dejamos el coche y nos vamos andando. No está tan lejos el centro, unos 15 minutos andando.

Visitamos el centro. No había demasiado que ver, pero estaba animado. Comimos en un McDonnals (8€) y luego hemos visitado el mercado de la navidad. Nuria estaba que se dormía por los rincones. Así que aprovechando la coyuntura decidimos ir al famoso balneario de Friedrichsbad.

En Baden-Baden hay dos balnearios: el de Caracalla y el de Friedrichsbad. El de Friedrichsbad está construido sobre las ruinas de unas antiguas termas romanas, sólo por ver la construcción vale la pena entrar. El de Caracalla es una especie de Caldea, es decir, es más parecido a un parque acuático que a un balneario. En las termas de Friedrichsbad es obligatorio ir desnudo y durante una parte es mixto. En el de Caracalla todo lo contrario: es obligatorio ir con bañador excepto en la sauna. El de Friedrichsbad es un poco más caro y la visita dura 3 horas (si te pasas pagas 3 euros por cada media hora). En el de Caracalla te permiten estar 4 horas. En resumen, el de Caracalla es una turistada, así que si sólo puedes visitar uno de los dos balnearios, es mucho mejor ir al de Friedrichsbad.

Entramos al balneario algo antes de las 17:00. Pagamos la entrada (2*21€) y nos vamos cada uno a nuestro vestuario. Nos quitamos la ropa, dejamos la ropa en la taquilla y entramos. Primero una ducha, luego las saunas y más tarde salimos a las pozas de agua dónde nos volvemos a encontrar. Allí nos pasamos un buen rato y luego volvemos a separarnos para continuar el “tratamiento” con la zona de relax. Todo es muy sencillo, hay números en cada sala con una explicación de qué hay que hacer y cuanto tiempo se supone que hay que estar (luego tu estás el tiempo que quieres). Terminamos mucho después de las 20:00, tanto que debíamos pagar 2 medias horas extra, pero saltamos el control de accesos aprovechando que no hay nadie.

Salimos y fuera llovía. Nos da igual. Estamos flotando. No teníamos ganas de nada, pero teníamos que cenar. Así que nos fuimos al McDonnals y comemos algo (6€). Paseamos hasta el albergue. Llegamos y estaba cerrado. Llamamos durante un buen rato hasta que nos cansamos y llamamos por teléfono. Un chico coge el teléfono y dice “oh, sí, un momento”. Cuelga y aparece por la puerta pidiendo perdón (probablemente se había dormido). Nos registramos en el albergue (2*24€) y subimos a la habitación. Está en el piso de arriba del todo (un quinto). Es impresionante, la habitación es preciosa, las vistas increíbles. Pedid la habitación de arriba si vais. Por cierto, que tuvimos suerte y el chico de la recepción se enrolló y nos dejó estar a los dos en la misma habitación (teóricamente no era mixed).

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Cronica: Sur de Alemania (I)

1/12 – Llegada

Era la primera vez que salíamos desde el aeropuerto de San Javier. Nos enteramos que podíamos coger un autobús desde la estación de Alicante que nos dejaba en San Javier. Hay 2 autobuses por la mañana, así que como íbamos bastante bien de tiempo (el vuelo salía a las 16:00) cogemos el de las 11:00 (2*5€). El bus tarda 2 horas en llegar a San Javier. Llovía abundantemente, parecía un presagio de lo que nos esperaba. Bajamos del bus junto a Erika, una Chilena-Española que vive en Alicante. Hablamos con ella, también se dirigía a Hahn-Frankfurt, así que decidimos hacer el viaje juntos.

Como vamos sobrados de tiempo, vamos a un bareto y nos tomamos unos bocatas y una coca-cola (6€). Cogemos un taxi para ir al aeropuerto (4′65€), aunque por la distancia que hay (un par de kilómetros) podríamos haber ido andando… si no lloviera. En el aeropuerto todavía tuvimos que esperar. Es un aeropuerto muy pequeño, del estilo del de Reus, típico aeropuerto Ryanair (como el de Hahn al que nos dirigíamos). El vuelo sale puntual, sin ningún tipo de percance. No es ni el mejor ni el peor vuelo de nuestra vida…

Llegamos a Hahn y allí Erika se encuentra con su amiga alemana. Nos ayudan con la reserva del coche (preguntando como devolver el coche) y se marchan. Después de un buen rato de espera, viene un hombre que nos lleva hasta el lugar dónde se encuentra nuestro coche. Se trata de un 207 gasolina nuevo, con sólo 500 kilómetros. Probablemente el coche por el que pagamos (un Toyota Yaris) no estaba disponible, por lo que tuvieron que darnos ese (bastante mejor).

Salimos del aeropuerto intentando localizar el camino a Heidelberg. Nos perdimos y dimos unas cuantas vueltas antes de encontrar el camino correcto. Luego, un par de horas de autopista y llegamos a Heidelberg. Tardamos muchísimo en encontrar aparcamiento. Mientras buscábamos aparcamiento pasamos por delante de nuestro albergue. A través de Internet habíamos reservado un par de noches en Heidelberg. Hicimos bien, pues entre que nos perdimos, los 150 kilómetros hasta llegar y lo que tardamos en aparcar, no llegamos al albergue hasta las 23:00. Aparcamos bastante lejos y además en una zona prohibida (sospechamos de una señal y nos apuntamos lo que decía para preguntarle al responsable del hostal que confirmó nuestras sospechas).

El albergue era, cuanto menos, curioso. Se trataba de un hostel vinculado a un pub. Era el propio camarero (o propietario) el que vino a darnos la llave de la casa, la habitación y a asignarnos nuestra cama. El hostel está muy bien situado, en la calle principal de la ciudad. Básicamente el albergue era un pasillo largo con habitaciones a ambos lados y una escalera al final que sube hasta el primer piso que es más o menos igual. Abajo había un único baño al final del pasillo con ducha y arriba había otro igual y además un aseo. Lo malo de los baños era que cuando alguien lo ocupaba ya nadie más lo podía usar, así que por la mañana se formaba una buena cola a pesar de que el hostel estaba casi deshabitado. Las habitaciones eran mixtas igual que los baños.

Después de pagar el hostel (80€ por las dos noches), salimos a visitar el centro de la ciudad. Nos comimos los bocadillos que habíamos preparado en casa para esa noche y así nos quitamos la preocupación de buscar un sitio dónde comer (coca-cola 1′50€). Regresamos pronto al hostal porque estábamos un poco cansados.

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Resumen viaje al sur de Alemania

El viaje empezaba en Hahn (aunque Ryanair se empeñe en decir que eso es Frankfurt) y terminaba en Dortmund. Alquilamos un coche en el mismo aeropuerto de Hahn para dejarlo 8 dias más tarde en el aeropuerto de Dortmund (el más barato, que resultó ser un 207 nuevecito cuando nos habían dicho que sería un Yaris).

Viajamos hacia el sur, haciendo parcialmente la ruta de la selva negra y visitando el lago constanza y el castillo de Neuschwanstein. Luego visitamos algunas ciudades del sur del país: Munich, Nuremberg, Frankfurt y Dormund. Todo ello aderezado con los mercados de la navidad que estaban en su máximo explendor.

La principal sorpresa fue ver que en Alemania el coste de la vida era más barato que en España. Vimos anuncios de casas en inmobiliarias, compramos en supermercados (Lidl, Aldi), nos alojamos en albergues… todo en general es más barato que aquí. Curioso. Y los sueldos son bastante más altos (o eso dicen, porque este punto no lo pudimos comprobar).

Otra sorpresa, aunque menor, fue comprobar como se conduce por Alemania, lo mal señalizado que está todo y “las pirulas” que hacen los alemanes al volante. Y eso que desde aquí se piensa que los centro-europeos son super-cuadriculados y amantes de la ley y el orden…

Y para terminar con las sorpresas, la más agradable fue comprobar que no hacía mucho frio. El frío era seco y en cuanto te cubrias con algo ya ibas comodo. Eso sí, cuando llovía y te empapabas, la brisa te congelaba y sólo tenias ganas de llegar a algún lugar calentito.

En general el viaje es muy recomendable, sobre todo en la epoca en la que lo hicimos. A grandes rasgos, para 2 personas 8 noches, con el coche, los vuelos, albergues, las comidas y algunas compras, el presupuesto es de unos 1300 euros que siempre se pueden recortar prescindiendo de algunas comodidades hasta bajar de los 1000 euros. En los próximos días más información.

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