Concurso para senderistas

Tras un periodo de inactividad en el blog, quiero recompensaros comentado un concurso que puede interesar a todos los amantes del senderismo y la montaña. Se trata del concurso que organiza nuestro blog hermano Blog de Senderismo y que quiere regalaros un fin de semana en unas cabañas rurales en la sierra de Cuenca. Para ganarlo tendreis que contar vuestro sendero favorito o el lugar donde siempre regresais y ser quienes mas comentarios recibais (para lo cual podeis avisar a los colegas para que comenten).

Aqui teneis el Concurso de Aires Serranos. Pronto volveremos a la actividad habitual en el blog.

PD: Disculpad que no haya acentos, pero este teclado no tiene… :(

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Crónica: Argentina (XI)

27/03 – Día corto

Nos levantamos pronto para aprovechar la mañana ya que por la tarde-noche podríamos descansar en el autobús. Como no teníamos demasiado tiempo, decidimos hacer caso a nuestros amigos argentinos y acercarnos al lago Gutiérrez dónde nos comentaron que era posible hacer algo de senderismo y alquilar una piragua para navegar por el lago.

Tomamos un autobús en la ciudad al que llegamos andando desde el albergue (ida y vuelta por 5$ los dos). Llegamos al lago y nos paseamos un rato por la zona antes de empezar a caminar hacia el sendero que lleva a la pequeña cascada. Todo estaba cerrado, pero había unas buenas instalaciones para pasar el día. En la carretera, justo antes de llegar, hay incluso un supermercado dónde se puede comprar comida o bebida si la hemos olvidado. El lugar donde se alquilaban las piraguas estaba cerrado, así que no pudimos alquilar una.

Para acceder al sendero hay que andar un buen rato por un camino de tierra paralelo al lago hasta llegar a un camping. En el camino no nos cruzamos con nadie, excepto dos grandes perros que nos acompañaron el resto del camino. Luego, una vez llegados al inicio del sendero, andamos muy poco tiempo hasta llegar a la cascada escondida. Era un poco tarde, ya que habíamos perdido bastante tiempo en el lago, tomando fotos, pues la verdad es que a esas horas la luz creaba unas panorámicas preciosas. A pesar de eso, tratamos de seguir un tramo más del sendero que subía hasta lo alto de un pequeño cerro dónde se suponía que habría unas bonitas vistas. Finalmente no llegamos al final del camino, pues resulta complicado seguir el sendero (la mayoría de los senderos no están marcados, sólo indicados al inicio y final del sendero).

Tras el sendero regresamos en el mismo autobús a la ciudad de Bariloche. Estuvimos tentados de parar en el mirador del cerro Otto, ya que un par de israelitas en nuestra habitación lo calificaban de “lo mejor que hay en toda Sudamérica”. Suponemos que la cantidad de alcohol en sangre en el momento de la subida era alta. En Bariloche, paseamos por el centro y compramos algunos regalitos (20$). Sin mucha hambre, comemos cualquier cosa (34$) antes de regresar al albergue para tomar las mochilas e ir tranquilamente a la estación de autobuses.

A las 16:00 sale puntual el autobús a Mendoza. El autobús era realmente cómodo. No habíamos probado ningún autobús de ese tipo nunca. El asiento se reclinaba hasta hacerse prácticamente una cama, aunque no del todo (aunque existe un servicio denominado “tutto leto” que sí se reclina 180º). El bus tenía un azafato que te servia la merienda, la cena y el desayuno, así como cualquier cosa que necesitaras durante el trayecto. También organizaron una rifa donde regalaron una botella de vino de Mendoza. Por cierto, elegimos los últimos asientos y creo que fue una buena elección, ya que, aunque son un poco más ruidosos y la tele se ve un poco peor, te permiten dejar las bolsas de mano en la parte de atrás del asiento que es mucho más cómodo que en la parte de arriba.

El día resultó ser corto. Vimos algunas películas, cenamos, pero, la verdad, es que la mayor parte del tiempo estuvimos durmiendo.

Gastos del día:
5$ bus al lago
20$ souvenirs
34$ comida

Total: 59$

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Crónica: Argentina (III)

17/03 – Parque Nacional Tierra de Fuego

El propósito del día era pasarlo en el Parque Nacional. Mucha gente hace una pequeña excursión al Parque, se pasea un rato por allí, compra recuerdos en la tienda y regresa. Ese tipo de excursiones se pueden hacer en una mañana, si tienes prisa, para hacerte una idea de lo que es el parque, pero con ellas no vas a tener ni idea de la maravilla natural que tienes en las narices. Nosotros nos lanzamos con una aventura un poco más ambiciosa: recorrer varios de los senderos, comer en el parque y regresar por la tarde.

Nos planteamos el día de esa manera y la verdad es que nos cansamos muchísimo, pero creo que valió la pena. Empezamos la mañana levantándonos no excesivamente pronto, con calma y recorriendo la ciudad para encontrar un supermercado abierto. Allí compramos un candado (que necesitábamos para los lockers, 10$) y algo de comida para mediodía ya que esperábamos estar en mitad de un sendero cuando nos entrara hambre (15$). El único supermercado que encontramos abierto estaba en la otra punta de la calle San Martin (en dirección opuesta al presidio). De paso, compramos el primer “souvenir” de este viaje en forma de parche para la mochila (12$).

Bajamos hasta la plaza donde se congregan los taxistas que te llevan al PN. Pensábamos que así lo conseguiríamos más barato, pero no fue así. Podríamos haberlo contratado a través del hostel y hubieran venido a buscarnos. Hablamos con uno de los encargados y concretamos pagar 35$ que es la tarifa mínima cuando te recogen desde las primeras paradas del camino y en caso de que quisiéramos avanzar más pagaríamos los 5$ extra que cuesta que te recojan dónde se encuentra el cartel de “fin del mundo”. Al final pagamos la tarifa completa, que, por cierto, es un robo, ya que el trayecto es relativamente corto y el camino está en buen estado, pero es lo que hay que aguantar cuando hay monopolios de facto en sectores turisticamente masificados.

Recorrimos el sendero número 3, el más largo, pero el más variado y espectacular. Durante una buena parte del recorrido avanza pegado al lago para luego internarse en el bosque y cruzarlo hasta el camino que te permite elegir ir hacia el lago roca (dónde hay servicios: cafetería, restaurante, zona de acampada, etc) o ir hacia el punto más austral de Tierra de Fuego, donde está el cartel de “fin del mundo”.

El recorrido por el sendero es delicioso. Escuchas hablar al bosque, literalmente: los árboles, extraños para los ojos de un europeo, crecen altivamente entrecruzando sus troncos y ramas, de manera que con el fuerte viento, estos se mueven y producen un característico sonido nunca antes oído por nosotros. Además del viento, la lluvia, la niebla y el frío hicieron acto de presencia, especialmente nada más llegar al embarcadero, dónde nos dejó la furgoneta a las 11:00.

Vimos muchísimos conejos durante el paseo, un castor cuando empezaba a oscurecer y muchos cormoranes en una isla en mitad del camino (por cierto, los que vimos sólo podían ser vistos si se recorre la senda costanera, incluso en la “isla de los cormoranes”, no había ninguno). La verdad es que después de haber visitado el museo Yamana, te sientes como uno de ellos en su entorno.

Al final de la excursión encontramos a unos valencianos y compartimos un tramo del sendero con ellos. Eran una familia (padres y 2 hijas) que habían llegado a Ushuaia el día anterior y que en el mismo día habían ido al Martial, habían hecho la excursión del canal Beagle y ahora al final ya de la tarde se habían acercado al PN. El sendero que compartimos no debía ser de más de 1 kilómetro y, ciertamente, no se veía casi nada. La lastima es que la mayoría de la gente que viene hace exactamente lo mismo.

Desde el Lago Roca tomamos el minibús que nos devolvió a la ciudad de Ushuaia. Cansados, casi extenuados por el duro día (a pesar de que era finales de verano y que lució el sol en ciertos momentos, durante la mayor parte del día gozamos de un penetrante y húmedo frío). Nos dimos una ducha de esas que te dejan nuevo, descansamos y salimos a cenar. En momentos como esos hubiera deseado tener una pizza guardada para no tener que moverme del hostel. Por no buscar más y porque está muy buena la comida, volvimos al bar Bananas, donde nos reímos un montonazo esa noche y cenamos por 46$ más 2$ de propina. La verdad es que tienen unos menús por 25$ que están realmente bien para ser una ciudad tan cara.

Antes de acostarnos, enviamos un par de postales desde el fin del mundo. Por cierto, curioso buzón tiene la oficina de correos.

Gastos del día:
10$ candado
15$ comida y bebida supermercado
12$ parche para mochila
80$ transporte I/V al PN Tierra de Fuego
60$ entrada PN Tierra de Fuego
48$ cena

Total: 225$

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Senderismo: Cabeço d’or

El pasado fin de semana hicimos una salida senderista (PRV-2). Cerca de las cuevas de Canelobre en la población de Busot (cerca de nuestra casa), se encuentra un sendero circular de pequeño recorrido de nivel medio-alto que recorre el Cabeço d’or.

Elegimos este sendero por ser circular y por la facilidad de llegar con el coche hasta el aparcamiento donde iniciar el sendero (debido a que pasa por enfrente de las cuevas de Canelobre, muy bien indicadas desde la carretera Alicante-Xixona). Concretamente las coordenadas del parking son: Latitud: N38 30 59.9 Longitud: W0 24 51.8 Altitud: 521.4. Si la barrera esta cerrada (lo más habitual a primeras horas de la mañana), dejaremos el coche en una explanada antes de dicha barrera.

Una vez llegamos y empezamos a recorrer el sendero, encontramos un montón de variantes del camino, desde la típica (seguir el sendero circular desde la entrada a las cuevas), hasta la más dura (subir al pico), pasando por las más divertidas (realizar el descenso por un impresionante “runar” que te ahorra un montón de tiempo).

Recomendaría iniciar el sendero bajando desde las cuevas por la carretera, ya que esa cara de la montaña es la más frondosa y no da el sol a primeras horas de la mañana. Si decidimos subir al pico, se puede bajar por el mismo lugar por donde hemos venido, ya que la cara este no tiene excesivo interes y además aguarda una “desagradable” sorpresa: dicha ruta va descendiendo siempre hasta que encontramos un camino asfaltado que llega hasta unos chalets; en ese momento la ruta se bifurca e inicia un duro ascenso hasta las cuevas.

Otro día intentaremos el ascenso al pico.

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