Transportes en Kenia

Los transportes públicos en Kenia y Uganda son como en cualquier otro país, salvo que adaptados a las particularidades de su sociedad. Los más característicos son los “matatu”, unas furgonetas que se llenan de gente a modo de taxi compartido. La mayoría de matatus tienen unos horarios más o menos definidos lo que los hace funcionar también como un autobús de línea. La idea es que es un transporte barato y rápido, aunque inseguro. En algunos lugares es el único medio de transporte posible.

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Viajar de otra forma es posible

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Foto: Seven Resist (Flickr)

La gente a la que nos gusta viajar de forma diferente, que adoramos la aventura y preferimos tener experiencias auténticas en vez de comprarlas, solemos huír de viajes organizados con agencias multinacionales, de hoteles con piscina, de estar rodeados de turistas de tu propio país aún estando en el lugar más remoto y de ser una pieza más en el engranaje que se encarga de exprimir cada bello lugar que queda sobre el planeta, en vez de tratar de enriquecerlo.

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Como organizar un safari en Kenia por libre (II)

Que no te engañen: ver animales es tan fácil por tu cuenta como si va contigo un "conductor-guía"
Que no te engañen: ver animales es tan fácil por tu cuenta como si va contigo un "conductor-guía"
En el anterior artículo de esta mini-serie hablé de los conceptos básicos y de como organizar el safari con una agencia local. En este artículo quiero ir un paso más allá en la cadena de intermediarios y mostraros que es fácil, barato y recomendable organizar un safari totalmente por libre. También podría haber titulado a este artículo “los 200 euros mejor gastados de mi vida”, ya que fue el precio por persona de 5 días en Masai Mara todo incluido.

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Información acerca de Kenia (II)

Ser mochilero en Kenia no es tarea fácil
Ser mochilero en Kenia no es tarea fácil
Quizás la información que más interesa a cualquiera que vaya a viajar a Kenia es lo referente a alojamientos, comida y transporte. En este artículo trataré de dar una visión de esa parte del viaje en el país este africano desde el punto de vista de un viajero con bajo presupuesto. La información acerca de Kenia es aplicable a Uganda, aunque los precios allí son sensiblemente más bajos.

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Como ahorrar en los viajes

Prohibido gastar en el aeropuerto
Prohibido gastar en el aeropuerto
He leido en un par de blogs de forma casi simultánea un par de posts muy interesantes acerca de como ahorrar en los viajes. El primero de ellos propone 12 formas de ahorrar reduciendo el nivel de exigencias y comodidades. El otro propone 10 trucos para no gastar desde la perspectiva de vigilar los gastos en los tiempos muertos que pasamos esperando en aeropuertos, estaciones y demás. Todo parte de este estudio de Eroski. Nosotros no vamos a ser menos y proponemos nuestro decálogo para ahorrar en los viajes.

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Crónica: Viaje a Senegal (XVI)

14/4 Kafountine (continuación)

El viaje desde Ziguinchor a Kafountine fue bastante duro. El calor era insoportable y el 7-plas aquél era uno de los más incómodos de todo Senegal: en cada bache mi cabeza impactaba contra el techo, por lo que tenía que ir un poco agachado. Si tenéis la oportunidad de elegir vuestras plazas nunca os sentéis detrás, ya que el asiento está considerablemente más alto. Por si fuera poco, nos paró la policía en un control y a nosotros (a los extranjeros) nos obligaron a sacar todo el equipaje para revisarlo. Supongo que lo que buscaban era droga, ya que Kafountine es conocido como la segunda Jamaica y sus plantaciones de marihuana son bastante famosas. Lo extraño es que nos revisaran en el viaje de ida y no el de regreso… También es posible que el control tuviera algo que ver con la guerrilla, ya que esa es una de las zonas dónde opera y está más fuerte. En cualquier caso también es extraño.

Llegamos a Kafountine bastante cansados y desorientados. Nada más llegar un montón de personas se acercó a ofrecernos alojamientos, más incluso que en Cap Skirring. Rechazamos todos los ofrecimientos hasta que miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que estábamos perdidos en mitad de la nada. La estación de Kafountine está a las afueras de la población y, además, el pueblo en sí no existe, es un montón de casas desperdigadas, con un montón de terreno rodeándolas. Sería algo así como una urbanización de chalets, pero en mitad de una selva con arena de playa en el suelo. El único lugar que parece un pueblo es la zona de la carretera, allí están todos los bares y tiendas que hacen de este un verdadero pueblo. Pero nosotros no teníamos ni idea de dónde estábamos ni hacía dónde ir. Y además era ya bastante tarde y estábamos hambrientos, así que decidimos dejarnos ayudar por un joven rastafari que se ofreció a llevarnos a un albergue.

El chico nos llevó a través del pueblo y la selva por un camino laberíntico que no hubiera sabido encontrar de nuevo. Le pedimos que nos llevara a Chez Marie Oldie, un hotel familiar que habíamos encontrado en la Lonely Planet y cuya característica principal era que estaba dentro de una típica casa “implovium”. El chico nos acompañó hasta dentro de la casa y se quedó hablando con la hija de la dueña mientras nosotros negociábamos el precio y veíamos las habitaciones. Decidimos quedarnos, nos despedimos del chico que nos había traído no sin que antes nos invitara a pasarnos por un local de copas en el que tocaba el djembe. Vimos como la dueña de la casa le daba una pequeña comisión por habernos acompañado.

La arquitectura del hotel (o casa de huéspedes, más bien) era realmente curiosa. Es un tipo de casa que para aprovechar las pocas lluvias que se producen al año tiene forma redonda con un patio interior descubierto dónde se concentran todas las aguas para así poder explotar un pozo anexo que retiene el liquido todo el año. Vale la pena pasar una noche aquí aunque sea para ver como eran estas casas.

Aunque teníamos hambre, nos habíamos pasado todo el día viajando y eso se merecía una ducha. Pero en Chez Marie Oldie no hay agua caliente, ni fría tampoco había, el agua se saca del pozo y con ella llenan un barreño que te dejan en el baño de la habitación para que te laves. Ese sistema lo bautizamos como ducha africana y aunque parezca que es muy rudimentario e incomodo, en realidad no desperdicias casi agua y te bañas bastante fácilmente. Durante el baño una araña como un puño de grande se paseó por la pared de la habitación cercana a la cama. La dejamos estar, ya que tal y como imaginábamos desapareció antes de que tuviéramos que acostarnos.

Salimos a visitar el pueblo y a buscar algo para comer, aunque el hambre ya casi se nos había pasado. El mapa que trae la Lonely es bastante malo, con él no se puede encontrar nada y menos en un pueblo tan complicado como este. Así que nos volvimos a perder tratando de buscar la carretera dónde estaba el “mini-marché” dónde comprar algo de comida y bebida. Pasamos por un estadio de fútbol que tenía un baobab en mitad del terreno de juego, por mitad de la parcela de una casa, al lado de unas casas bastante ostentosas para la zona dónde vivían franceses… y cuando nos dimos por vencidos preguntamos a un hombre que pasaba en bicicleta. El hombre dio la casualidad de que hablaba algo de inglés, tuvimos suerte y muy amablemente nos pidió que le siguiéramos que él nos acompañaba. En 5 minutos aparecimos en la carretera al lado del mercado. Nos despedimos del hombre y cuando cada uno se iba a ir por su lado se giró y preguntó: “¿no os gustaría pasar la noche en una casa africana de verdad?”. Nos explicó que tenía una habitación libre y que a veces algunos extranjeros se quedaban allí y que era mucho más barato que un hotel. Nuestra idea era pasar una noche en el campamento “A la nature” del que habíamos escuchado muy buenos comentarios, pero tampoco estaba mal la oferta así que quedamos con encontrarnos con él a una hora determinada en el mismo lugar dónde nos habíamos encontrado hoy para que nos enseñara la casa y que pudiéramos decidir.

Nos compramos una Afrika-cola en el mercado para darle una última oportunidad, pero no, no sabía igual de bien que aquella que tomamos en la carretera de Saint Louis. Nos dimos una vuelta por la zona. Estaba muy animada, llena de bares, restaurantes y lugares de copas, aparte del típico mercadillo y un par de tiendas de alimentación general. Curiosamente, ya que no lo habíamos visto en ningún lugar de Senegal antes, había letreros en algunos bares que anunciaban los partidos de fútbol de la liga española.

Empezó a anochecer y decidimos que lo mejor sería cenar pronto ya que no habíamos comido nada. Nos acercamos a un lugar que por fuera tenía buena pinta. Un título de “pizzería” nos abrió el apetito. Entramos, estábamos solos, preguntamos si se podía cenar y la camarera nos respondió que no había problemas mientras nos entregaba una carta. Los precios nos parecieron razonables, así que le preguntamos si podíamos beber nuestra propia bebida ya que teníamos la botella de litro de África-cola casi entera. No había ningún problema y es algo que me encanta de África y Sudamérica, que te puedes traer lo que quieras de fuera. Pedimos una pizza y unos huevos fritos. La chica nos dijo que nos sentáramos y esperáramos. Pasó el tiempo, los mosquitos nos estaban comiendo vivos, vimos a la chica salir y regresar al cabo de 10 minutos con un par de huevos en la mano. 10 minutos después nos traía la comida. La verdad es que es una de las peores pizzas que he comido en mi vida, pero es admirable lo bien que funciona Senegal en cuanto al servicio: si tu quieres huevos, tranquilo que tendrás huevos, aunque tengas que esperar a que la gallina los ponga. Cenamos rápidamente (el hambr
e ya era voraz), pagamos la cuenta (4000 CFA) y nos largamos rápidamente antes de que los mosquitos acabaran con nosotros.

Por supuesto, en el paseo de regreso a casa nos perdimos. Si ya es complicado orientarte por Kafountine a plena luz del día, intentarlo por la noche y sin farolas es ya una odisea. Tuvimos suerte y señor que iba en nuestra misma dirección nos acompañó, sino puede que todavía estuviéramos dando vueltas por allí.

Gastos del día:
23800 CFA (2 noches en campament Carabane PC)
2000 CFA (piragua isla)
4400 CFA (balón niños Elinkine)
2200 CFA (Ndiaga Elinkine-Ziguinchor)
5000 CFA (7-plas Ziguinchor-Kafountine)
1200 CFA (varias Africa-colas)
4000 CFA (cena)

Total: 42600 CFA

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Crónica: Viaje a Senegal (IV)

7/4 Viaje Infernal

Nos levantamos pronto. El plan era coger las mochilas y salir a la calle a buscar un taxi para Dakar. Queríamos ir bien pronto a Dakar para comprar unos pasajes para el barco del próximo martes que va de Dakar a Ziguinchor (Casamance) y luego irnos hacía Saint Louis. El plan había surgido la noche anterior viendo las posibilidades que teníamos. La otra opción era dejar Saint Louis para el regreso y adentrarnos por carretera hasta Tambacounda. Sin embargo, todo lo que habíamos leído de esa carretera nos hacía plantearnos la conveniencia de hacer un viaje tan pesado tan pronto. Decidimos que mejor sería visitar primero la Casamance y luego ya adentrarnos en el país.

Salimos del hotel después de desayunar (por medios propios, el hotel no ofrece desayunos). Andamos por la calle polvorienta que la noche anterior se nos antojaba oscura y misteriosa. A la luz del día, aparecía una calle normal y corriente, de casas bajas con la fachada blanca, muy parecida a algunas calles de mi infancia. Nos dirigimos hacía la carretera, dónde abordamos un taxi que además del taxista era co-pilotado por un amigo suyo. Nuestro pobre francés nos sirvió para decirle que queríamos ir al puerto dónde se coge el ferry, pero un fallo en la pronunciación del destino del Ferry “Gore” provocó que el taxista se confundiera y empezara el recorrido en dirección contraria, hacía N’Gor. Ya habíamos negociado el precio y habíamos recorrido un par de kilómetros cuando le dijimos al taxista que por ahí no era, que no nos habíamos entendido. Cuando comprendió que queríamos ir a Dakar, mucho más lejos de N’Gor, nos pidió más dinero por llevarnos (claro, él se había hecho a la idea de sacar mucho dinero por muy poco). Nos negamos y regateamos hasta volver a conseguir el trayecto por el mismo precio. El amigo del taxista, que supongo que iba dirección N’Gor, se bajó del taxi con una sonrisa de oreja a oreja y haciendo gestos de despedida con la mano. Nosotros proseguimos el trayecto.

Tardamos bastante en entrar en Dakar, hay mucho tráfico en la gran ciudad y encima está todo lleno de obras casi perpetuas. El taxi nos dejó en una rotonda del centro de Dakar dónde se encuentra la estación de ferrocarril y la entrada a los muelles desde dónde parte el barco a la isla de Gore. Pagamos al taxista (2000 CFA) y nos apresuramos a caminar los 200 metros que hay hasta el lugar dónde venden los tickets para ir a Ziguinchor.

La taquilla estaba cerrada, pero un simpático y amable vigilante nos hizo el favor de llamar a alguien de dentro para que abriera la ventanilla para nosotros. Medio en inglés medio en francés le dijimos a la chica de la taquilla que queríamos comprar dos pasajes para el próximo barco en una de las cabinas. Existen 3 clases de billetes: los caros, dónde 4 personas comparten una cabina con 2 literas de 2 camas cada una y un pequeño baño; los medios, dónde en una sala común hay un montón de camas sin ningún tipo de separación fija y compartiendo todos los baños y duchas; y los baratos, que se sitúan en la misma sala que los medios, pero que sustituyen la cama por una butaca frente a un televisor. Los caros son impensables para la mayoría de Senegalés, a pesar de que para ellos las tarifas son sensiblemente más baratas. Nosotros elegimos el más caro pensando que el resto de acomodaciones podrían ser muy cutres y nos equivocamos. Pagamos 57000 CFA por los pasajes.

Miramos el mapa y nos situamos. Calculamos que la “Gare Routiers” dónde coger el primer transporte hacía Saint Louis no debía estar lejos. Efectivamente, un paseo de 10 minutos bastaban para llegar. Durante ese corto trayecto pasamos por una calle desierta, paralela a la estación de trenes y a un complejo militar, dónde asustaba la posibilidad de que un coche parara y te secuestrara, nadie sabía dónde estábamos ni dónde nos dirigíamos, nada. Ese temor era fruto de nuestro desconocimiento. Tras haber estado en Senegal, incluso teniendo en cuenta que Dakar es lo más peligroso que hay en el país, no creo que sea muy probable que alguien fuerce una situación de violencia. También tuvimos que atravesar las vías del tren cruzando un pequeño muro derruido, dónde montones de gente se agolpaban vendiendo y comprando algo que todavía no he logrado saber que es.

La gare routiers es un caos. Es un caos que en el fondo guarda algún tipo de orden. Eso sí, la primera vez que llegas te puedes volver loco buscando entre los distintos tipos de transportes y los distintos destinos. Básicamente, por carretera, en Senegal puedes desplazarte de dos formas: en Ndiaga-Ndiaye o en 7-plas. El Ndiaga-Ndiaye es una especie de furgoneta grande acondicionada para alojar en su interior a 32 personas, apelotonadas e incomodas, pero a un precio muy bajo. Además este tipo de transporte realiza muchas paradas, permitiendo subir y bajar gente en cualquier momento. Hacer un recorrido largo con uno de estos transportes es una verdadera locura. Por su parte, los 7-plas son grandes coches franceses (peugeot 504 mayoritariamente) supervivientes de la época colonial que transportan a 7 pasajeros y un conductor. Para realizar trayectos largos son la mejor opción, pues aunque son hasta 3 veces más caros que la Ndiaga-Ndiaye, no suelen parar a mitad, van más rápido y, sobretodo, son más cómodos. Ambos tipos de transporte parten cuando se han llenado o cuando no es previsible que vaya a llegar más gente para llenarlos. Dicen que existen otro tipo de transporte interurbanos, pero nosotros no tuvimos la oportunidad de utilizarlos.

Cuando te encuentras en un tumulto de gente, sin saber dónde quieres ir exactamente, ni como, ni siquiera sabes cuando irás o cuanto te quieres gastar, suceden cosas que no deberían pasar. Un hombre con una libreta se acercó a nosotros y nos preguntó dónde íbamos. Le dijimos que a Saint Louis y nos pidió que le acompañáramos. Nos llevó hasta una furgoneta blanca, repleta de gente, dónde un chico joven subido en el techo colocaba los últimos bultos que le habían lanzado los viajeros desde abajo. No pasó ni un instante y ya nos habían despojado de nuestras mochilas y estaban en lo alto de la furgoneta. Sin prácticamente tiempo para pensar, nos apuntaron en la lista y ya éramos oficialmente pasajeros de aquél transporte. Preguntamos cuanto tardaba hasta Saint Louis, pero no se si no nos entendieron o no quisieron entendernos. Nos dijeron “trois, trois” repetidas veces. Tanto nos daba que tardara 3 horas, como que llegara a las 3 de la tarde, nos pareció bien y subimos al Ndiaga-Ndiaye.

Íbamos sentados al final del todo, con la puerta abierta durante un buen tramo y un chico (“el revisor”) colgado literalmente de la puerta porque no cabía. Al principio pareció una experiencia interesante y hasta hacíamos bromas y nos reíamos. Nada más salir, el revisor nos cobró el trayecto. Los precios de estos transportes son oficiales, así que ahí no había negociación posible, pero el equipaje se pagaba aparte y ahí si que hay que negociar bastante. En esta ocasión fueron 5500 CFA
por todo (equipajes y nuestras dos plazas).

(continua)

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